A mis amados hermanos en Cristo:
Estamos llegando a los últimos dos meses del año, y normalmente, cuando llegamos a esta parte, hay dos tipos de personas: los que voltean hacia atrás satisfechos por todo lo que han logrado, y los que voltean hacia atrás pensando:
“Yo pensé que para estas fechas estaría más adelante”.
“Pensé que ya habría cambiado esto”.
“Pensé que mi familia estaría mejor”.
“Pensé que ya habría empezado aquello”.
“Pensé que espiritualmente estaría en otro lugar”.
Y podemos cometer el error de pensar: “Pues ya se fue el año”.
Pero no. Todavía no.
Mientras pensaba en estos últimos meses, recordé una parábola que contó Jesús en Lucas 13. Había un hombre que tenía una higuera, y durante tres años fue esperando una cosa de ella: fruto. No estaba esperando hojas, ni que se viera bonita; estaba esperando fruto.
La parábola dice que el dueño vino a buscar fruto y no lo encontró, y dijo: “Córtala”. Pero ahí aparece el viñador y dice: “Señor, déjala todavía este año” (Lucas 13:8).
Dame un poco más de tiempo. Voy a cavar alrededor de ella. Voy a abonarla. Voy a trabajar con ella. Y después vamos a volver a buscar fruto.
Creo que esa es una palabra extraordinaria para nosotros al comenzar los últimos dos meses del año: TODAVÍA.
No podemos hacer nada con los meses que ya pasaron, pero todavía tenemos tiempo por delante; por eso Pablo dice en Filipenses 3:13: “Olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante”.
Lo de atrás ya quedó atrás. No vamos a desperdiciar el tiempo que queda castigándonos por el tiempo que perdimos. Nos vamos a extender hacia adelante. No puedo cambiar lo que hice con los primeros meses, pero sí puedo decidir qué haré con los últimos.
Y hoy quiero hacerles una pregunta, especialmente a quienes hemos recibido el privilegio y la responsabilidad de servir al Señor:
¿QUÉ VAMOS A HACER CON EL TIEMPO QUE NOS QUEDA?
Como pastores y líderes no podemos conformarnos con haber tenido un año lleno de actividades, reuniones, congresos y programas. No se trata solamente de cuánto hicimos, sino del fruto que estamos dando para el Señor.
Y mucho menos podemos acostarnos espiritualmente a esperar que llegue enero para volver a comenzar. Porque hay tiempo, pero no hay tiempo que perder.
Vivimos tiempos en los que constantemente se nos recuerda algo: CRISTO VIENE. No sabemos cuándo, no ponemos fechas, pero Jesús nos enseñó a vivir preparados.
Por eso no quiero vivir estos últimos dos meses dormido espiritualmente. No quiero caer en:
“En enero arreglo mi vida espiritual”.
“En enero comienzo a hacer lo que Dios me pidió”.
“En enero vuelvo a buscar al Señor”.
“En enero retomo mi llamado”.
¿Por qué enero?
¿QUIÉN NOS PROMETIÓ ENERO?
Hoy tenemos un poco de tiempo delante de nosotros. Hoy tenemos una oportunidad. Todavía hay tiempo, pero ya no hay tiempo que perder.
Porque nuestra meta no puede ser solamente llegar bien al 31 de diciembre. Nuestra meta es poder decir como Pablo: “He peleado la buena batalla, he acabado la carrera, he guardado la fe” (2 Timoteo 4:7).
Cristo viene. No sabemos cuándo. Jesús fue muy claro respecto a que no conocemos el día ni la hora. Pero sí sabemos esto: “Porque aún un poquito, y el que ha de venir vendrá, y no tardará” (Hebreos 10:37).
Su aparente tardanza no es indiferencia. Es misericordia. Pero llegará un momento en el que el que ha de venir, vendrá. Cada día que Cristo no viene no es una prueba de que no vendrá; es una oportunidad más para estar preparados.
Y la gran pregunta entonces es:
SI CRISTO VINIERA HOY, ¿QUÉ FRUTO ENCONTRARÍA?
¿Qué encontraría en nuestra vida? ¿Qué encontraría en nuestras familias? ¿Qué encontraría en nuestras congregaciones? ¿Qué encontraría en aquellos a quienes nos ha confiado cuidar?
Amados pastores y líderes, no dejemos para enero lo que Dios nos está llamando a hacer hoy.
Volvamos a la oración. Volvamos a su Palabra. Volvamos a cuidar de las ovejas. Volvamos a predicar el evangelio con pasión. Volvamos a hacer discípulos. Volvamos a vivir con la mirada puesta en la eternidad.
Que estos últimos dos meses no sean una despedida anticipada del año, sino una oportunidad para dar fruto, para corregir lo que necesita ser corregido y para terminar fieles a aquello que el Señor nos ha encomendado.
No es tiempo de detenernos. Es tiempo de despertar, de trabajar y de permanecer preparados.
Aprovecho el espacio para extenderles una invitación a nuestra próxima Escuela Avanzada, que celebraremos en enero bajo el tema:
DISCERNIMIENTO PARA LOS ÚLTIMOS TIEMPOS
Estaremos hablando acerca de los últimos tiempos y la venida de nuestro Señor Jesucristo, buscando en las Escrituras el discernimiento que necesitamos para vivir preparados y dirigir a la Iglesia en los tiempos que estamos viviendo.
Será una oportunidad para reunirnos, aprender, fortalecer nuestra fe y recordar que nuestra esperanza no está puesta en este mundo, sino en aquel que prometió regresar.
Con amor en Cristo,
Pastor Juan Jacob Mondragón
Conoce más sobre el seminario en escuelaavanzada.org/seminario.
