Dios les bendiga. Qué gusto poder saludarles una vez más, después de haber tenido nuestro tiempo de Escuela Avanzada en Cuernavaca. Reciban un saludo de todo el equipo de Escuela Avanzada de Ministerio, el cual toma tiempo para orar y clamar a favor de todos los asistentes de nuestra escuela. Creo que tuvimos una gran experiencia con la palabra profética; espero que todos estén gozando y disfrutando de la buena y fresca palabra que cada uno de nosotros recibimos.
El carácter del que sirve
Quiero compartir con todos ustedes una gran preocupación que siempre está en mi corazón con respecto a todos los que servimos y ministramos en la casa de Dios. La palabra del Señor demanda de los que servimos características definidas, requisitos que debemos cumplir para ser aptos en el servicio. Por ejemplo:
"Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo." — 1 Timoteo 3:1-7
Todo esto habla de carácter: el conjunto de cualidades que distingue a una persona y que determina su obra y sus acciones.
Nuestro Dios requiere que cada uno de los que sirven en la predicación del santo evangelio de Jesucristo tenga un carácter definido por su palabra, porque las cualidades que nosotros consideramos buenas y adecuadas pueden ser diferentes según la cultura. Sin embargo, cuando el carácter es moldeado y dirigido por la palabra del Señor, entonces tiene una dirección definida. Quiero animarles a que tomen esta lista de cualidades que moldean el carácter del obispo, supervisor, pastor o guía de las ovejas, y que estudiándolas podamos aplicarlas a nuestra vida, a nuestra obra y a nuestras acciones.
La integridad como requisito fundamental
Una de las grandes cualidades que se requieren para ministrar la palabra del Señor es la integridad.
"El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado." — Proverbios 10:9
Es necesario que no negociemos, que no cambiemos, que no diluyamos estas cualidades. De otra manera, como ya lo hemos experimentado en muchas ocasiones, seremos quebrantados. ¿Cuántas veces hemos visto llegar a alguien al camino del Señor en quien vemos potencial, una buena actitud, y consideramos que puede llegar a ser un buen líder o hasta un buen pastor? Pero hay un "pero". Sabemos de algún área de su vida que necesita ser tratada, que necesita ser edificada, antes de tomar un lugar o una responsabilidad.
Lo confieso: he cometido el error varias veces de poner a alguien en el liderazgo que aún no estaba listo, y hemos sufrido las consecuencias. Y no solamente con personas recién llegadas a la congregación, sino también con algunos que ya tienen tiempo, que han sido enseñados y capacitados, pero que no logran hacer cambios significativos en las áreas necesitadas.
El peligro de los líderes prematuros
Un error muy frecuente en el liderazgo es poner en posiciones de responsabilidad a personas muy nuevas, o que vienen de otra congregación por diferentes circunstancias. He visto que esto ha causado muchas divisiones: alguien que llega de otra congregación ya trae una manera de ser y de pensar, y no logra comprender que ya no está donde estaba, donde las cosas se hacían de acuerdo a aquella visión, lo cual es muy respetable, pero aquí se hacen las cosas de manera diferente.
Estas personas deben tomarse un tiempo para sentarse, observar, escuchar cuál es la visión y la manera en que trabajamos en esta congregación. Yo sugiero tres meses antes de decidir si ya son parte de la congregación. De esta manera, si no se sienten cómodos, si no es lo que esperaban, entonces pueden ir a otro lugar sin que exista una atadura que los lleve a ser señalados de rebeldes por retirarse. Créame, hermano: se va a ahorrar muchos dolores de cabeza.
Las tres áreas de la integridad
La palabra integridad significa: estar completo, no dividido. Hay tres áreas donde se necesita integridad plena:
- Integridad personal
- Integridad en las palabras
- Integridad en el trabajo
1. Integridad personal
La integridad personal tiene que ver con uno mismo. Debemos ser responsables con nosotros mismos, de tal manera que (como lo dice la definición) no estemos divididos en nuestro pensamiento ni en nuestros sentimientos; que seamos de una sola pieza. Esta es la clave de todo: una persona que es íntegra consigo misma no se dividirá en lealtades, sino que sabrá claramente la manera en que debe conducirse en todas las áreas de su vida.
"El que camina en integridad anda confiado; mas el que pervierte sus caminos será quebrantado." — Proverbios 10:9
El que camina en integridad anda confiado, tiene paz, sabiendo que está actuando y viviendo de acuerdo a la palabra del Señor. No tiene temor de ninguna situación que tenga que enfrentar. Debemos recordar que todos debemos dar cuenta a Dios. Cuando sabes que tienes a alguien más alto a quien te debes, entonces haces lo mejor y haces lo correcto para entregar buenas cuentas al Padre celestial.
La integridad está íntimamente ligada a la santidad. Cuando caminas en integridad, tendrás mayor facilidad de mantener comunión e intimidad con Dios, pues su palabra dice:
"Jehová, ¿quién habitará en tu tabernáculo? ¿Quién morará en tu monte santo? El que anda en integridad y hace justicia, y habla verdad en su corazón. El que no calumnia con su lengua, ni hace mal a su prójimo, ni admite reproche alguno contra su vecino. Aquel a cuyos ojos el vil es menospreciado, pero honra a los que temen a Jehová. El que aun jurando en daño suyo, no por eso cambia." — Salmos 15:1-4
La integridad es una puerta abierta a la presencia de Dios. Dios ama a aquellos que son de una sola pieza y que están dispuestos a mantenerse firmes en todas las circunstancias que la vida les presente. ¡Cómo necesitamos hombres íntegros en el ministerio!
2. Integridad en las palabras
Cumplimos lo que prometemos; hacemos lo que decimos; no cambiamos. Un ministro del Evangelio debe mantener una sola línea, apegado a la palabra de Dios, de tal manera que su fundamento siempre sea las Sagradas Escrituras.
3. Integridad en el trabajo
Ser íntegros en el trabajo significa que somos de una sola pieza y que desarrollamos lealtad; esa es otra palabra clave, íntimamente ligada a la integridad. Esta lealtad nos ayudará a desarrollar un equipo de trabajo en quien se puede confiar, en quien se puede descansar. Desarrollar un equipo lleva mucho tiempo, pero es lo mejor. Respeto cómo se hacen las cosas en otros lugares, pero en la congregación que el Señor me ha permitido levantar, prefiero invertir todo el tiempo que sea necesario para desarrollar un equipo que sea leal, que sea íntegro y que comprenda totalmente cómo hacemos las cosas aquí.
Dios les bendiga mucho. Espero que podamos seguir en contacto a través de estos mensajes que el equipo de Escuela Avanzada tiene para todos ustedes, con el ánimo de ayudarles a ir adelante en la gracia de Jesucristo.
Bendiciones,
Pastor Jacobo Mondragón
