Aunque la higuera no florezca…

Amados:

Saludos de parte de nuestro apóstol Bill Brown y de todo el equipo de EAM. Hace unos días en una junta que tuvimos decíamos: “Cuánto deseamos poder ver a los hermanos que asisten a EAM y abrazarles, poder oír sus testimonios y tener tiempos de ministración!”

¡Hemos vivido tantas cosas en este tiempo de pandemia! Hemos llorado a seres amados que fueron al cielo; hemos dejado de abrazar a los que se encerraron, algunos perdieron sus trabajos y aún otros perdieron su congregación.

Un abrazo nos vendría bien😢; esperamos que Dios que nos dé esa oportunidad.

Mi cuñado y su esposa partieron a causa del Covid; aún no lo podemos creer y los extrañamos profundamente.

Yo sé que estas son las palabras de muchos… y entonces vienen las preguntas: ¿será que no hicimos médicamente lo suficiente? ¿Debimos haber ayunado un día más? ¿Nos faltó oración? Algunos piensan que no fue suficiente para Dios, porque al final, hemos sufrido pérdida.

Conozco esa culpa, reconozco esa herida Lo peor de esto es que como pastores o como cristianos nos sentimos culpables por esos sentimientos hacia Dios y lo peor, la fe de algunos se permeó

Si vamos al libro de Habacub creo que podemos sentimos como este profeta.

“¿Hasta cuándo, oh Jehová, clamaré, y no oirás; y daré voces a ti a causa de la violencia, y no salvarás? ¿Por qué me haces ver iniquidad, y haces que vea molestia? Destrucción y violencia están delante de mí, y pleito y contienda se levantan.” (Habacuc 1:2-3)

Es el mismo sentir de mucha gente el día de hoy; parece que Dios no escucha, que su poder no se manifiesta.

Habacuc se acerca con dudas delante de Dios, pero creo que él trata de fortalecer su fe buscando respuestas en Dios. Pues vemos este versículo al principio del libro, pero cheque los últimos versículos del capítulo tres donde él termina en una alabanza al Señor.

“Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar….” Habacuc 3:17-19 RVR1960

Podemos acercarnos a Dios con dudas basadas en nuestras circunstancias, temores y aflicciones, o podemos acercarnos a él con fe (Hebreos 11:6) a pesar de las dudas, de la enfermedad o temores y aflicciones.

Creo que una de las enseñanzas del libro de Habacub es su mismo nombre, pues no se habla de sus datos, ni se vuelve a mencionar su nombre, pero su nombre significa “ceñido por Dios”. Ceñido por Dios… ¿para qué? Para llevar a cabo una tarea difícil: ayudar a otros y alentarlos en la crisis nacional que se encontraban.

Hoy la iglesia es como Habacuc, alentando la fe de la gente en medio de esta crisis.

Creo que ahora más que nunca nos hemos enfrentado a la soberanía de Dios. Él le pone un principio a nuestra vida y Él cierra el ciclo cuando lo cree conveniente.

Uno de nuestros Pastores, David Morales, era pastor en Chilapa Guerrero. Lo vimos en nuestro congreso para líderes en julio 15. Como siempre, estaba lleno de ánimo, un trabajador arduo en el Reino de Dios. A su regreso a Chilapa y pasando algunas semanas enfermó de Covid, él y su esposa. Ya casi saliendo de los días de cuarentena, su esposa cuenta:

“Cenamos tranquilos el domingo, nos fuimos a dormir y como a las cuatro de la mañana me despertó y me dijo: El Señor me dijo que me va a llevar, me animó en la fe. Como esposa, me dio instrucciones y me dio mensajes para algunos hermanos, entre ellos al pastor Jacobo.”

“Dile al pastor Jacobo que le puse todas las ganas a este lugar, pero la gente es dura, pero hice todo lo que pude por establecer el Reino de Dios… Después de hablar un rato nos volvimos a dormir. Cuando amaneció el Señor se lo había llevado, estaba con las manos en alto (de hecho tuvieron que quebrarle los brazos para ponerlo en el ataúd) y su cara mostraba paz”.

Alguien dijo por ahí al oír la historia: entonces no fue el Covid…

Y se le respondió: nunca es el Covid, ni ninguna enfermedad, o accidente; siempre es Dios quien da y quita la vida. ¡Por eso le llamamos DIOS!

Amado por otro lado de nuestra propia experiencia podemos decirle que Dios tuvo misericordia de nuestro hijo Efraín. Enfermamos de Covid mi esposo, mi hijo y yo. Efraín estuvo verdaderamente grave, ¡y de manera MILAGROSA salió adelante!

Amados, ¡Dios es Dios! Y sigue amándote. No te preguntes: ¿Por qué murió? Pregúntate: ¿Por qué estoy vivo?

Si, son tiempos difíciles pero debemos de tener bien puesta nuestra armadura para que habiendo acabado todo, estemos firmes (Efesios 6:13).

Dios le responde a Habacuc que la justicia vendría. Hoy más que nunca debemos de fortalecer nuestra fe en las promesas de Dios y cuidar lo que el rebaño escucha. Muchas personas lo primero que escuchan en el día es cuántos contagiados y cuántos muertos hubieron en el día anterior, o cuántas muertes por un huracán o por otras razones. Muerte, enfermedad, es todo lo oyen durante el día.

Como usted sabe la fe viene por el oír. Hay que animar a nuestra congregación a escuchar primeramente a Dios cada mañana y declarar lo que Dios dice, llenar nuestra mente y nuestro corazón, nuestra casa, nuestros hijos con esa Palabra que es viva y eficaz y que se oiga en nuestros hogares la voz de júbilo y de salvación, (Salmos 118:15) que se escuchen alabanzas y que haya danza aunque la higuera no produzca fruto. Adorar, danzar sobre el desierto hace que reverdezca.

Y nosotros como líderes y pastores no dejemos que ese virus de la duda y temor nos invada, pues si el paraguas está roto, los que están debajo de mojan. Recordemos nuestro llamado, de dónde nos ha sacado el Señor, ¡Somos gente de fe! Usemos ese escudo.

“…mas el justo por su fe vivirá.” (Habacuc 2:4)

Tenemos un llamamiento de predicar el evangelio y hasta ahora nada ha podido detener la Palabra de Dios, ni sistemas de gobierno, ni pobreza, ni enfermedades, ni las pandemias y mucho menos el Covid, va a detener que la palabra corra.

“…Escribe la visión, y declárala en tablas, para que corra el que leyere en ella.” (Habacuc 2:2)

Oremos

“Oh Jehová, he oído tu palabra, y temí. Oh Jehová, aviva tu obra en medio de los tiempos, En medio de los tiempos hazla conocer; En la ira acuérdate de la misericordia.” (Habacuc 3:2)

Finalmente, quizás las cosas no mejoren, quizás empeoren; pero nosotros sabemos cuál es nuestro destino final: el cielo. Y en medio del valle de sombra y de muerte el Señor está con nosotros; y recuerde que el bien y la misericordia nos siguen todos los días (Salmos 23).

“Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación. Jehová el Señor es mi fortaleza, El cual hace mis pies como de ciervas, Y en mis alturas me hace andar….” (Habacuc 3:17-19)

Y mientras tanto no dejemos de capacitarnos. Escuela Avanzada de Ministerio sigue estando a su disposición, capacitando a los Santos para la obra del ministerio.

Algunos de nosotros hemos tenido que aprender nuevas modalidades para predicar el evangelio: Facebook, Instagram, etc.

Por eso Escuela Avanzada de Ministerio está ofreciendo vídeos mensuales de enseñanza en YouTube/Facebook, cartas cada mes y cursos en línea con créditos hacia la licenciatura. También esperamos llevar a cabo un seminario en línea dentro de unos meses.

El equipo de EAM oramos por ustedes. Les mandamos un abrazo y esperamos vernos pronto.

Pastora Marjorie Corrales de Mondragón

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